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La afición por los vehículos industriales de época es, quizás, una de las más desconocidas de la gente de a pie. Algunos se quedan pasmados cuando le hablo de la gran afición que existe en este mundillo, que para nada tiene que envidiar al más común de coches y motocicletas.

Mi afición e interés hacia el mundo de los industriales acompañaba a la que siento hacia el resto de los clásicos. Sin embargo, puedo definir dos puntos clave en la preocupación e interés por conocer más aún acerca de las distintas marcas y sus particulares modelos. Uno de ellos fue en Diciembre de 2004, cuando al pasar unos días en Barcelona conocí a mi buen amigo Carlos Pelló (“Scavabis”, como lo conocen en algunos foros, natural de Asturias), me sorprendió su gran afición hacia los industriales así como su Renault Laguna familiar con el maletero repleto de documentación del industrial clásico (y solamente tenía una pequeña parte). Su presencia no solamente me marcó a mí, contagió al bueno de Jaskaiser también en el tema, sin embargo, él fue más allá y adquirió algunos rarísimos ejemplares. Otro punto, fue el fin de semana que un grupo de amigos del foro de Via64.net compartimos en Aranjuez, era sorprendente el buen ambiente que se respiraba y la sabiduría que salía de sus bocas.

Pero, dejemos la nostalgia y centrémonos en el 1231T de las fotos. Estamos ante un rarísimo ejemplar de tractora “Bocanegra”, al que perfectamente se le puede atribuir dicho nombre, porque la mayoría de ellos fueron repintados posteriormente por el color de la compañía (de ahí la rareza de encontrar uno con los colores de origen). Es un ejemplar de 1984, matriculado en Albacete, donde pasó sus primeros años dedicados al transporte de mercancías, hasta su posterior traslado a un modesto pueblo de la geografía pacense.

 

La última década ha estado destinado a la enseñanza de futuros profesionales de tráilers. Se le han suprimido las literas y lleva acoplado un clásico remolque Freuheuf que siempre ha sido arrastrado por un antiguo Dodge 4238T (y que aún continúa con vida, pero no en un estado demasiado aceptable).

La futura vida de este Pegaso está destinada al descanso, siendo mantenido por un cuidadoso aficionado a los Bocanegra y que seguramente le dará la tranquilidad que se merece.

Delante de él, impone su enorme luna delantera, con su buena combinación de colores, me gusta, incluso nos sentiremos más impresionados al ver el remolque que le acompaña.

Giramos la llave de la puerta en el hueco de una cerradura algo torturada por desaprensivos que buscaban algo de valor dentro de un “viejo” Pegaso. El acceso a la cabina se encuentra ayudado por un escalón que sobresale del spolier delantero, así como otro situado dentro del diseño del parachoques frontal. El asiento ha sido sustituido por otro de similares características, pero que no es el original.

Una vez acomodados podemos ver la precisa instrumentación, la palanca de cambios y freno de mano situados en nuestra derecha y, junto a estos, una placa que nos recuerda que el arranque del motor con la cabina basculada se realiza desde el larguero junto a otra, que nos aclara el funcionamiento de las dos cajas de cambios a las que nos tendremos que familiarizar.

Accionamos el contacto, acompañado por el encendido de todas las luces del cuadro y un sonido continuo del sistema eléctrico, girados unos grados más oímos el rugido del poderoso motor diesel montado. Unos minutos para “hacer aire”, que nos ayudará a frenar y accionar el embrague y realizamos un breve paseo para acostumbrarnos a la palanca de cambios y a su funcionamiento.

El embrague es algo duro, acompañado de unos frenos y acelerador bastante precisos. No hay que olvidarse que detrás nuestra llevamos dieciséis metros que nos acompañan durante todo el trayecto. La salida en terreno llano y sin carga la realizamos en tercera; a los pocos metros el sonido del motor es bastante molesto, así que giramos un cuarto el pomo de la palanca de cambios y posteriormente pisamos el embrague, hemos metido el grupo largo. Después le sigue la cuarta con su doble embrague bien hecho. El momento de mayor complicación para los que se montan por primera vez en una tractora de éstas es el paso de una caja de cambios a otra.

Para poder incorporar la quinta, debemos poner la palanca en punto muerto, soltar embrague seguido de un golpe seco hacia la derecha, embragar de nuevo y mover la palanca hacia el frente. Un rasquido de la palanca puede evitarse con un rápido accionamiento del gas en el momento que se encuentra desembragado.

Nuestro protagonista por suerte, no ha sido demasiado castigado y su motor responde perfectamente al progresivo aumento de la velocidad, adaptándose rápidamente a las condiciones de la vía donde muchos conductores no entienden de paciencia ni de inexperiencia.

Es ideal para largos viajes, amenizados por el equipo de radiocassete que el primer propietario encargó al comprarlo, siendo bastante cómodo y confortable. Además, estamos ante una tractora que alcanza perfectamente los 120 km/h , en este caso, el catálogo de la época no mentía.

Nuestro paseo por carreteras nacionales, secundarias y autovías ha finalizado, dejamos las poblaciones para ocasiones de menos tráfico y en las que seguramente, no disfrutaríamos tanto de un clásico del transporte.


Vehículos Clásicos fue inaugurado el 10 de mayo de 2001
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